- La recesión, la caída del empleo formal y la pérdida de poder adquisitivo empujan a un número creciente de hombres jóvenes y adultos a ingresar al mercado de servicios sexuales. Además, el mercado de hombres servicios sexuales se ha visto impulsado por este contexto económico.
La crisis económica que atraviesa Argentina tiene múltiples rostros. Uno de los más invisibilizados es el del crecimiento del trabajo sexual masculino. Cada vez más hombres, ante la imposibilidad de acceder a empleo formal o de sostener sus ingresos en un contexto de inflación y recesión, optan por ofrecer servicios sexuales, sumándose así a la categoría de hombres que buscan servicios sexuales. Lo hacen como vía de escape inmediata. Por otra parte, el fenómeno, que hasta hace pocos años se asociaba mayoritariamente a mujeres, muestra hoy una presencia visible y en expansión entre varones de distintas edades.
El ingreso al sector suele comenzar de manera gradual. Muchos se promocionan inicialmente como acompañantes para eventos sociales o salidas. Con el tiempo, amplían sus propuestas ante una demanda que no para de crecer. Además, las redes sociales, las aplicaciones de mensajería y las plataformas digitales se convirtieron en los canales predilectos para captar clientes. Permiten un contacto directo y discreto que elimina intermediarios y reduce riesgos de exposición. De este modo, los canales digitales facilitan la interacción entre hombres y servicios sexuales en la economía informal.

Especialistas en economía informal y mercado de trabajo advierten que detrás de este crecimiento hay factores estructurales concretos. Son, por ejemplo, la destrucción de empleo registrado, la urgencia por obtener dinero inmediato y la ausencia de redes de contención social para sectores vulnerables. La informalidad laboral, que ya era elevada antes de la llegada de Javier Milei al poder, se profundizó en el marco de un ajuste. Ese ajuste recortó subsidios, redujo el gasto social y contrajo el mercado interno. Por supuesto, el auge de hombres que ofrecen servicios sexuales refleja ese deterioro estructural.
El debate que abre este fenómeno excede lo económico y se adentra en terrenos éticos, sociales y de políticas públicas. Mientras algunos de los protagonistas lo describen como una decisión personal que les permitió recuperar autonomía frente a la crisis, otros lo reconocen como una salida forzada ante la falta de alternativas. En cualquier caso, el crecimiento del trabajo sexual masculino funciona como un termómetro más de la situación que atraviesan miles de familias argentinas. Estas familias buscan reinventarse en una economía que no les ofrece respuestas formales, y la emergencia de hombres servicios sexuales ilustra cómo surgen nuevos caminos.

Lo que el dato revela, en definitiva, es que la informalidad no tiene género. En una Argentina donde el empleo registrado se contrae y los salarios reales siguen erosionados, la economía de la supervivencia se expande por todos los costados. Por ello, actividades que hasta hace poco permanecían ocultas empiezan a ganar visibilidad como síntoma de un modelo que deja a muchos sin opciones. Así, no sorprende ver un crecimiento de hombres en servicios sexuales dentro de esta economía de la supervivencia.






