El mundo del hockey masculino cordobés se ve sacudido por la salida de Nicolás Mardones del Club Palermo Bajo. El jugador confirmó su desvinculación definitiva tras denunciar que la institución no cumplió con el acompañamiento prometido luego de haber sufrido ataques homofóbicos durante un partido oficial.
Lo que comenzó como una búsqueda de justicia y reparación terminó en una profunda decepción. Tras la viralización de su caso, Mardones fue convocado por la comisión directiva y la presidenta del club, quienes le ofrecieron disculpas. Sin embargo, el deportista asegura hoy que aquel gesto fue una estrategia de relaciones públicas. «Pensé que las disculpas habían sido sinceras, pero veo que solo fueron para que yo no siga hablando del tema», sentenció.

El silencio como respuesta
Según el relato de Mardones, el apoyo institucional se diluyó con el paso de las semanas. Ante sus reiterados intentos de comunicación para conocer avances sobre el caso, solo encontró silencio. El jugador sostiene que la dirigencia le pidió dejar de visibilizar la situación públicamente, interpretando esto como un intento de «silenciamiento« para proteger la imagen del club por encima de la integridad del deportista.
Refugio en el sur y salud mental
Buscando priorizar su bienestar emocional, Mardones regresó a su ciudad natal, Esquel (Chubut). Actualmente, se encuentra recuperando la motivación en el Club Asociación Española de Esquel, donde dicta clases de pelota paleta, y en el Club Cordillerano Esquel, instituciones que le han brindado el respaldo que no encontró en la capital cordobesa.
A pesar del impacto emocional que afectó su rendimiento, el jugador es contundente respecto al futuro: «El deporte tiene que ser para todos. No voy a terminar mi carrera deportiva así».







