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Lumilagro despidió a 170 trabajadores y empezó a fabricar en China: la dura reinvención de la termosera argentina más histórica

  • Fundada en 1941, Lumilagro fue durante décadas la única fábrica de termos de vidrio de América. Hoy, tras una caída de ventas del 50% y la pérdida de 170 puestos de trabajo en dos años, la empresa familiar cordobesa tomó una decisión radical. Decidió trasladar parte de su producción a China para sobrevivir. Por supuesto, los despidos en Lumilagro marcaron una etapa difícil para todos. Su dueño lloró al despedir a trabajadores que lo conocían desde niño.

Pocos productos son tan argentinos como el termo. Y pocas empresas encarnan esa identidad tan profundamente como Lumilagro, fundada en 1941 por Eugenio Suranyi y tres familias más. Lumilagro llegó a ser la única fábrica de termos de vidrio de todo el continente americano. Pero el peso de la historia no alcanzó para blindarla de la tormenta económica libertaria. En los últimos dos años, la compañía —hoy conducida por Martín Nadler, cuarta generación de la familia fundadora— perdió el 50% de sus ventas y tomó decisiones que habrían sido impensables décadas atrás. La empresa desvinculó a 170 trabajadores y comenzó a fabricar en China. Sin embargo, los despidos en Lumilagro no pasaron desapercibidos y tuvieron un fuerte impacto en la sociedad.

El declive no fue repentino. Nadler repasa una cronología de golpes y recuperaciones que moldaron a la empresa a lo largo de ocho décadas. La crisis de 1999 casi los destruyó, pero la devaluación de 2001 les devolvió competitividad. Los años que van de 2002 a 2013 fueron los mejores de su historia. En 2012 batieron el récord histórico de ventas de termos de vidrio. Pero ese mismo año comenzó a gestarse la amenaza que terminaría por transformar el negocio. La irrupción de los termos de acero importados de China fue determinante. Primero con productos ilegales con materiales tóxicos prohibidos y luego, desde 2015, con una oferta masiva que conquistó al mercado argentino. Así, la crisis provocó despidos dentro de Lumilagro que se volvieron inevitables para enfrentar la crisis.

«Lloré al despedir a trabajadores que me conocían desde los 5 años»

Martín Nadler, influencer de la marca

El impacto fue devastador sobre el plantel. De los 300 empleados directos que Lumilagro llegó a tener en 2013, la empresa pasó a 220 en 2022 y hoy cuenta apenas con 50 trabajadores directos y 50 indirectos. Las 170 desvinculaciones de los últimos dos años se realizaron mediante retiros voluntarios. Este proceso fue descripto por Nadler con una honestidad poco habitual en el mundo empresarial. «Fue un proceso dolorosísimo. Lloré al despedir a algunos trabajadores que me conocían desde los 5 años, pero entendieron que era por el futuro de la empresa», confesó el director ejecutivo. Además, los despidos efectuados en Lumilagro impactaron duramente en todas las familias afectadas.

La respuesta estratégica fue una reinvención profunda del modelo de negocio. Lumilagro decidió no pelear contra la producción china desde la manufactura local —una batalla que los números hacían inviable— sino sumarse a ella. La empresa comenzó a fabricar parte de su línea de productos en China. Apostó a mantener el valor de la marca y el control comercial mientras resignaba la producción propia que la había definido por más de ochenta años. Una decisión que en el sector industrial argentino se repite cada vez con mayor frecuencia. En cada caso plantea el mismo dilema: adaptarse o desaparecer. Por otro lado, despidos en Lumilagro evidencian los desafíos que enfrenta el sector industrial local hoy en día.

La historia de Lumilagro es, en escala, la historia de buena parte de la industria argentina. Es una empresa que sobrevivió la hiperinflación, el corralito y múltiples crisis cambiarias. Sin embargo, no pudo sostenerse frente a la combinación de caída del consumo, competencia importada y costos locales sin ancla. El termo de vidrio plateado que acompañó generaciones de argentinos sigue existiendo, pero ya no se hace donde siempre se hizo. Y detrás de ese cambio, hay 170 familias para las que el futuro de la empresa llegó demasiado tarde, como resultado de los despidos sufridos en Lumilagro.

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