El presidente Donald Trump amenazó con acciones militares en Colombia, cuestionó la autonomía de México y reafirmó a Cuba como objetivo estratégico, en lo que analistas interpretan como el intento de restaurar la hegemonía estadounidense sobre América Latina.
La captura de Nicolás Maduro parece ser apenas el primer capítulo de una estrategia mucho más ambiciosa de la administración Trump. Este lunes, el Departamento de Estado lanzó una proclama que encendió las alarmas en toda la región: «Este es nuestro hemisferio y el presidente Trump no permitirá que nuestra seguridad se vea amenazada». El mensaje, analizado por expertos internacionales como una declaración de propiedad sobre América Latina, marca un giro hacia el intervencionismo abierto que caracterizó las peores épocas de las relaciones entre Washington y el sur del continente.
Colombia se convirtió en el siguiente objetivo de la retórica agresiva estadounidense. Trump apuntó personalmente contra el presidente Gustavo Petro, a quien calificó de «enfermo» y acusó sin presentar pruebas de estar vinculado al narcotráfico. «Le gusta fabricar cocaína y mandarla a EEUU», afirmó el mandatario republicano. Cuando le consultaron sobre una posible intervención militar en territorio colombiano similar a la ejecutada en Venezuela, Trump no descartó la posibilidad y respondió que la idea «suena bien«, justificándose en los niveles de violencia interna del país sudamericano.

México tampoco escapó a las amenazas veladas de la Casa Blanca. Trump cuestionó abiertamente la capacidad del Estado mexicano para enfrentar al crimen organizado y puso en duda la autonomía de la presidenta Claudia Sheinbaum. Aunque la describió como una «persona estupenda», el mandatario estadounidense aseguró que «le tiene miedo a los cárteles» y reveló que ella ha rechazado sistemáticamente sus ofertas de enviar tropas estadounidenses para combatir a las organizaciones criminales. Trump advirtió que el gobierno mexicano «va a tener que hacer algo» ante el flujo de narcóticos o Estados Unidos tomará cartas en el asunto.
Cuba completó la lista de países en la mira de Washington. Fiel a su retórica histórica, Trump volvió a incluir a La Habana como un objetivo estratégico dentro del eje que considera una amenaza directa para la seguridad estadounidense. Si bien no detalló nuevas medidas específicas, el mandatario reafirmó la política de aislamiento y presión diplomática que ha caracterizado sus mandatos, dejando claro que la isla caribeña seguirá siendo blanco de sanciones y hostilidad.

La ofensiva verbal de Trump ha generado preocupación entre gobiernos y analistas regionales, que ven en estas declaraciones el intento de restaurar la doctrina Monroe y recuperar la influencia hegemónica que Estados Unidos ejerció durante el siglo XX sobre América Latina. La apropiación discursiva del «hemisferio» y las amenazas de intervención militar marcan un retroceso en las relaciones interamericanas y abren interrogantes sobre la soberanía de los países latinoamericanos frente a las ambiciones geopolíticas de Washington.






