- La histórica fábrica argentina de cubiertas, fundada en 1940, baja definitivamente las persianas. Sus principales accionistas descartaron el concurso de acreedores y optaron por el cierre directo, golpeando de lleno al sector industrial bonaerense. Así, Fate ha decidido cerrar sus puertas tras más de ocho décadas de actividad.
La Fábrica Argentina de Telas Engomadas (FATE), emblema de la industria nacional del neumático, confirmó el cierre definitivo de su planta ubicada en San Fernando, provincia de Buenos Aires. La decisión fue tomada en conjunto por sus principales accionistas, la familia Madanes Quintanilla y la firma brasileña Vipal. Ellos descartaron recurrir al concurso de acreedores y optaron por bajar las persianas de manera directa. Además, el anuncio sacude al sector industrial en un momento de profunda fragilidad económica.
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El cierre implica el despido inmediato de 920 trabajadores, en una planta que venía operando apenas al 30% de su capacidad instalada. La empresa había solicitado previamente un procedimiento preventivo de crisis, señal inequívoca del deterioro sostenido que atravesaba su actividad productiva. Tras los intentos fallidos por sostener la operación, finalmente Fate cierra y los números no dieron margen para continuar.

Un sector ahogado por las importaciones chinas
El colapso de FATE no puede entenderse sin el contexto de la industria en su conjunto. Hoy casi 9 de cada 10 cubiertas que circulan en el mercado argentino son de origen extranjero. Además, los neumáticos importados desde China llegan a venderse a casi la mitad del precio de los producidos localmente. A esto se suma que tras Fate cierra, el cambio de hábito en los consumidores, que estiran al máximo los recambios ante la pérdida de poder adquisitivo, contrae aún más la demanda interna.

Fundada en 1940, FATE fue durante más de ocho décadas una referencia del desarrollo industrial argentino. La empresa no solo abasteció el mercado local, sino que exportó tecnología, desarrolló proveedores nacionales y contribuyó al entramado productivo del país. En su comunicado de cierre, la firma reconoció que «los cambios en las condiciones de mercado obligan a encarar los desafíos futuros desde un enfoque diferente». Sin dejar de reivindicar su vocación industrial como parte de su identidad histórica. Por otro lado, el hecho de que Fate cierra impacta en la memoria colectiva industrial.
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El golpe trasciende los 920 puestos de trabajo directos y amenaza con arrastrar a toda la cadena de proveedores locales que dependían de la actividad de la planta sanfernandina. El cierre de FATE marca un hito sombrío para la industria manufacturera argentina. Además, reaviva el debate sobre los efectos de la apertura importadora y la falta de políticas de protección sectorial en un mercado cada vez más dominado por productos extranjeros de bajo costo. Además, la noticia de que Fate cierra despierta preocupación en la región.



