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«Nuestros hijos son menos capaces cognitivamente»: el alerta viral de un neurocientífico sobre la Generación Z

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  • El experto Jared Cooney Horvath advirtió ante el Senado de Estados Unidos que los jóvenes de la Generacion Z, nacidos entre 1997 y 2012, rinden menos en atención, memoria y coeficiente intelectual que generaciones anteriores. Responsabiliza a la tecnología en las aulas y pide repensar el sistema educativo. Su intervención superó el millón de visualizaciones en YouTube.

Un neurocientífico estadounidense encendió el debate global sobre el futuro de la educación tras advertir que la Generación Z es «la primera en la historia moderna» que muestra un rendimiento cognitivo inferior al de sus padres. La alerta, que se viralizó en redes sociales, responsabiliza directamente a la tecnología implementada en las escuelas.

Jared Cooney Horvath, especialista en aprendizaje y desarrollo cognitivo, presentó sus conclusiones ante el Senado de Estados Unidos en una intervención que ya acumula más de 1 millón de visualizaciones en YouTube y generó miles de reacciones en todo el mundo.

«Nuestros hijos son menos capaces cognitivamente de lo que nosotros fuimos a su edad», planteó el experto. «Desde que hemos estado estandarizando y midiendo el desarrollo cognitivo, desde finales del 1800, cada generación superó a sus padres… hasta que llegó la Generación Z».

¿Quiénes son la Generación Z?

Según la Enciclopedia Británica, la Generación Z es la de aquellos nacidos entre finales de los años 90 y comienzos de los 2000. Aunque los años precisos son tema de debate entre expertos, la mayoría de las fuentes coinciden en ubicarlos entre 1997 y 2012.

Son los primeros «nativos digitales» completos, que crecieron con smartphones, tablets y redes sociales desde su infancia. A diferencia de los millennials (nacidos entre 1981 y 1996), la Generación Z no conoce un mundo sin internet de alta velocidad, aplicaciones móviles y conexión permanente.

En Argentina, estos jóvenes hoy tienen entre 13 y 28 años, y representan aproximadamente el 20% de la población. Son quienes están cursando la secundaria, la universidad o ingresando al mercado laboral en estos momentos.

El deterioro en todas las áreas cognitivas

La advertencia de Horvath es contundente y está respaldada por datos de múltiples estudios internacionales. «La Generación Z es la primera generación de la historia moderna que tiene un rendimiento menor al nuestro en básicamente cada medida cognitiva que tenemos», señaló.

El neurocientífico detalló las áreas afectadas:

  • Atención básica: capacidad de concentrarse en una tarea
  • Memoria: tanto de corto como de largo plazo
  • Alfabetismo: comprensión lectora y expresión escrita
  • Competencia numérica: habilidades matemáticas
  • Función ejecutiva: planificación, toma de decisiones y resolución de problemas
  • Coeficiente intelectual general: la medida estándar de inteligencia

«Antes, cada generación era más inteligente que la anterior porque cada una de ellas pasaba más tiempo en la escuela», explicó Horvath. «Pero eso cambió cuando se introdujo la tecnología y las pantallas en la educación».

Dos cerebros entrelazados por un engranaje

La tecnología en las aulas: ¿progreso o retroceso?

El experto presentó datos de aproximadamente 80 países que muestran un patrón alarmante: «Una vez que los países adoptan tecnología digital ampliamente en las escuelas, el rendimiento baja significativamente».

Según la investigación de Horvath, los estudiantes que usan computadoras alrededor de 5 horas al día en la escuela aprenden menos que aquellos que no las usan en absoluto.

«Todo es biológico, no es que no estemos usando bien la tecnología o que necesitemos mejores programas», explicó. «Es porque hemos evolucionado biológicamente para aprender de otros seres humanos, no desde las pantallas. Las pantallas evitan ese proceso«.

El neurocientífico sostuvo que el aprendizaje humano se desarrolló durante milenios a través de la interacción cara a cara, el contacto visual, el lenguaje corporal y la conexión emocional con maestros y compañeros. Las pantallas, por su naturaleza, interrumpen estos mecanismos biológicos fundamentales.

Dos caminos posibles: volver al pasado o redefinir el futuro

Horvath planteó que existen dos opciones para enfrentar esta crisis educativa:

1. Regresar a métodos tradicionales: Reducir drásticamente o eliminar la tecnología de las aulas, volviendo a libros, cuadernos y la interacción humana directa como eje del aprendizaje.

2. Redefinir completamente la enseñanza: Repensar desde cero cómo se debe educar en la era digital, sin repetir fórmulas que claramente no están funcionando.

El experto hizo un llamado urgente a investigar más a fondo para entender exactamente por qué está ocurriendo este deterioro y cómo revertirlo.

«Eso no es progreso, eso es rendirse»

Una de las críticas más duras de Horvath apuntó a cómo el sistema educativo se ha adaptado a los hábitos fragmentados de atención de los niños, en lugar de desarrollar sus capacidades.

«Años atrás, la comprensión lectora consistía en leer textos largos y luego aplicar preguntas que hicieran pensar a los estudiantes», ejemplificó. «Ahora, se les presentan párrafos breves y se les hace una pregunta al respecto, luego otro texto breve y otra pregunta, y así sucesivamente».

Para el neurocientífico, esta adaptación es una capitulación: «Eso no es progreso, eso es rendirse».

Concluyó su intervención con una advertencia sobre las consecuencias a largo plazo: «Las pantallas solo dañan el aprendizaje y luego dañan el desarrollo cognitivo de los niños. Ahora mismo los necesitamos más astutos de lo que nosotros somos».

Un debate que recién comienza

La viralización de las declaraciones de Horvath ha generado un intenso debate en redes sociales y medios de comunicación de todo el mundo. Mientras algunos educadores y padres celebran que se ponga el foco en este problema, otros defienden el uso responsable de la tecnología en las aulas.

Lo cierto es que la advertencia del neurocientífico plantea preguntas incómodas para un sistema educativo que en las últimas dos décadas apostó fuertemente a la digitalización, convencido de que la tecnología era sinónimo de progreso pedagógico.

Los datos que presenta Horvath sugieren que esa apuesta, al menos en su forma actual, podría estar teniendo el efecto contrario al esperado.

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