- La adhesión de Milei al «Escudo de las Américas» y la entrega del control del Atlántico Sur a Washington consolidan una alineación estratégica con Estados Unidos. Además, esto arrastra al país a un conflicto geopolítico de grandes potencias, en un contexto internacional marcado por la guerra actual en Irán. Sin embargo, los grandes bancos de inversión advierten que Argentina es uno de los países más frágiles para enfrentar las consecuencias.
La Argentina de Javier Milei profundizó esta semana su alineamiento incondicional con la política exterior de Donald Trump al firmar el «Escudo de las Américas». Esta iniciativa militariza la seguridad interna de los países del continente bajo el paraguas de la lucha contra el narcotráfico. La adhesión llegó horas después de que el ministro de Defensa, el general en actividad Carlos Presti, integrara al país a la «coalición de seguridad hemisférica contra el narcoterrorismo». Además, se suma al compromiso de ceder el control de las aguas del Atlántico Sur a Washington. Ambas decisiones responden a documentos estratégicos elaborados por la administración Trump. Mientras tanto, las decisiones tienen un blanco común: contener a China. En este escenario, la Guerra en Irán tiene un papel clave en la geopolítica internacional actual.

El acercamiento a Estados Unidos no es neutro en el contexto de la guerra contra Irán. Según el analista Víctor Bronstein, director del Centro de Estudios de Energía, Política y Sociedad, el ataque a Irán tiene para Washington una dimensión que va más allá del conflicto regional. «Para Estados Unidos se trata de golpear a China«, explica, dado que Irán es un aliado estratégico de Beijing en la llamada «ruta de la seda». Por otro lado, existen compromisos de inversión en infraestructura que superan los 500 mil millones de dólares. Al apoyar fervorosamente esa ofensiva, Milei inscribió a la Argentina en ese tablero. Además, en ese contexto la guerra en Irán cobra mayor repercusión.
Un país frágil en el peor momento

El problema es que la Argentina llega a este escenario de alta tensión internacional con una economía que no resiste un sacudón. Seis grandes bancos de inversión globales identificaron esta semana al país, junto a Turquía, como uno de los más vulnerables frente a las consecuencias de la guerra en Medio Oriente. El Fondo Monetario Internacional, sin nombrarla, pareció referirse directamente a la situación argentina. Por lo tanto, el organismo advirtió que los países con reservas de divisas muy bajas «son vistos como especialmente riesgosos y tienen pocas opciones si los mercados se vuelven en su contra«, citando la fábula de Esopo sobre la cigarra y la hormiga. Cabe destacar que la Guerra en Irán genera nuevas incertidumbres en este panorama.
Las consecuencias concretas del conflicto ya se hacen sentir. El cierre del estrecho de Ormuz, por donde circula entre el 20 y el 25% del crudo mundial, presiona al alza el precio del petróleo. Según Bronstein, si el conflicto se extiende más de dos o tres semanas, ese encarecimiento se trasladará de forma inevitable a los combustibles. Desde allí, el aumento se trasladará a todos los precios de la economía. «Va a ser un fenómeno global que puede llevar incluso a fenómenos de recesión como ocurrió durante la década del ’70«, advierte el especialista.
Para los trabajadores argentinos, que ya acumulan dos años de pérdida de poder adquisitivo bajo la gestión de Milei, el escenario que se avecina plantea una disyuntiva urgente. ¿Quién pagará el costo de una nueva ola inflacionaria impulsada por el precio de los combustibles: los ciudadanos o las petroleras que operan en el país y se benefician del alza internacional? Sin embargo, la prolongada guerra en Irán podría provocar un derrumbe de los mercados globales si no hay una estrategia política clara. Esto agrega otra capa de incertidumbre a un panorama que ya preocupa a las principales plazas financieras del mundo.






