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Sin agua, sin colectivos y con comedores al límite: el abandono del Estado en dos barrios del sur de Córdoba

  • Parque Ituzaingó II y Los Fresnos acumulan una década sin agua potable, calles intransitables y una red de contención social que se sostiene a pulmón. Mujeres referentes de comedores comunitarios denuncian que el Estado nunca apareció. Además, dicen que las promesas electorales quedaron en la nada. Es una situación que refleja el problema de Sin agua sin colectivos en la zona.

Diez años reclamando agua potable, calles de tierra que se vuelven ríos de barro con cada lluvia y colectivos que no entran al barrio. Esa es la postal cotidiana que enfrentan las familias de Parque Ituzaingó II y Los Fresnos, dos sectores del sur de Córdoba. Allí, la precariedad no es una excepción sino la norma. Un grupo de mujeres autoconvocadas, referentes de los comedores «Esperanza», «Unido para más oportunidades» y «Los peques», decidió alzar la voz. Quieren denunciar un abandono estructural que el tiempo y los gobiernos de turno no hicieron más que profundizar.

La crisis económica golpeó de lleno la red de contención que estas mujeres sostienen con sus propias manos. Sin recursos oficiales, debieron reducir los días de asistencia en los comedores y copas de leche. Además, durante un tiempo costearon los alimentos de sus propios bolsillos hasta que la situación se volvió insostenible. Hoy, entre 100 y 120 niños, además de adolescentes y adultos, dependen de estos espacios. Funcionan mediante una organización vecinal improvisada que ya no logra cubrir toda la semana.

Barro, mosquitos y facturas de luz sin medidor

A la inseguridad alimentaria se le suma el aislamiento físico. No existe ninguna línea de colectivos que ingrese a los barrios. Esto obliga a los vecinos a caminar entre 15 y 20 cuadras por calles de tierra para alcanzar una parada. Cuando llueve, el escenario se vuelve crítico: las calles se inundan, el barro impide que los niños lleguen a la escuela y los servicios de emergencia no pueden ingresar. «Quedamos estancados, con mosquitos y olor a podrido», graficó una vecina con crudeza al describir las consecuencias de cada temporal.

Como si el cuadro no fuera suficiente, los testimonios revelan una situación que roza el absurdo en materia de servicios eléctricos. Hay familias que no tienen conexión domiciliaria habilitada, o que directamente carecen de medidor. Aun así, están recibiendo facturas de luz con montos de entre 50.000 y 120.000 pesos. La lejanía del CPC Empalme y la ausencia de representación oficial en la zona dejan a los vecinos sin canales concretos para reclamar o resolver estas irregularidades.

Las familias de Parque Ituzaingó II y Los Fresnos no piden privilegios: exigen los servicios básicos que el resto de la ciudad da por sentados. Agua potable, luminarias, calles transitables y transporte público son reclamos que llevan años acumulándose sin respuesta. Además, cansadas de promesas electorales que nunca se concretan, estas mujeres hacen un llamado urgente a las autoridades municipales y provinciales para que las soluciones de habitabilidad y salud dejen de ser una deuda pendiente y se conviertan en una realidad.

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