martes, febrero 17, 2026
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El pollo aumentó casi un 10% en una semana en Córdoba: el bolsillo cordobés desmiente el relato oficial

  • Los principales distribuidores de aves aplicaron dos aumentos consecutivos en menos de siete días: un 3% el viernes y un 6% el sábado. Mientras el presidente Javier Milei insiste en que la inflación está controlada, los cordobeses enfrentan subas cotidianas en la góndola. Las alitas de pollo se convirtieron en el corte estrella por ser el más barato. Algunos comerciantes decidieron «aguantar» el precio al público para no perder clientes.

Los principales distribuidores de aves de Córdoba aplicaron el pasado viernes un incremento del 3% en los precios mayoristas . Al día siguiente notificaron a las pollerías locales que llegaba un segundo ajuste del 6%. En menos de siete días, el aumento acumulado rozó el 10%. La secuencia ocurre en un contexto paradójico. El presidente Javier Milei sostiene públicamente que la inflación está «derrotada» y que los precios se estabilizan. Sin embargo, en los mercados y pollerías de barrio de Córdoba la realidad cotidiana cuenta una historia bien diferente.

La contradicción entre el discurso oficial y el mostrador es difícil de ignorar. Mientras el Gobierno nacional celebra la baja del índice inflacionario mensual como un logro histórico, los cordobeses que hacen las compras semanales se encuentran con que el precio del pollo, uno de los alimentos proteicos más accesibles para los sectores populares, acumula casi un 10% de aumento en una sola semana. Un incremento de esa magnitud en tan pocos días no encaja con ningún relato de estabilidad de precios.

Fuerte aumento del pollo, Mientras Milei asegura que la

«Al público no lo vamos a aumentar»: los comerciantes absorben el golpe

A pesar de recibir la mercadería con los nuevos valores mayoristas, muchos comerciantes de barrio tomaron la decisión de no trasladar de inmediato el aumento al precio final para no resentir el consumo. «Hoy vino con un 3% de aumento, pero al público no lo vamos a aumentar. Recién el lunes veremos si lo retocamos un poquito», explicó un comerciante del Mercado Norte en diálogo con Canal 10.

La decisión de los polleros refleja una realidad que los números oficiales no siempre capturan. El comercio minorista de barrio funciona como un amortiguador social que, durante algunos días, absorbe parte del impacto para proteger a su clientela habitual. Pero ese margen es limitado y la suba tarde o temprano llega al bolsillo del consumidor final.

Las alitas, el nuevo corte estrella de la crisis

El incremento en el precio del pollo se da en un momento en que el consumo recién comenzaba a recuperarse tras un enero y febrero más calmos. Por lo tanto, según los propios comerciantes, el movimiento en los locales empezó a repuntar en los últimos días por el regreso de clientes que habían viajado durante las vacaciones y retoman su rutina de compras semanales. Además, los días menos calurosos suelen incentivar el consumo de proteínas en el hogar.

Pero lo que más llama la atención no es cuánto se vende, sino qué se vende. La brecha entre los distintos cortes es un termómetro fiel del ajuste en el presupuesto familiar. Si bien la pechuga, la suprema y el patamulo siguen siendo los cortes tradicionales más solicitados, la demanda de alitas creció exponencialmente en las últimas semanas. «Lo que vendo más es pechuga y suprema, pero la mayoría de la gente está llevando muchas alitas», confirman los puesteros.

Un fenómeno que refleja el ajuste en el presupuesto familiar

El boom de las alitas no es casual ni gastronómico: es económico. Frente a las subas constantes de la carne vacuna y ahora también del propio pollo, los consumidores cordobeses buscan opciones más baratas para llegar a fin de mes sin resignar proteínas. Las alitas, el corte más accesible dentro de la oferta avícola, se convirtieron así en el símbolo involuntario de cómo los hogares adaptan su consumo a una realidad de precios que no para de subir.

El escenario que describe el mercado avícola cordobés esta semana es un retrato en miniatura de lo que ocurre en toda la economía. Un Gobierno comunica estabilidad. Por el contrario, una familia, en el mercado del barrio, comprueba, compra a compra, que los precios siguen su propio camino. El pollo, que históricamente fue el refugio proteico de los sectores medios y populares frente a la carne vacuna, empieza a exigir también su propio plan de ajuste doméstico.

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