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miércoles, enero 28, 2026
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Entre euforia e insultos, Milei provocó un desborde en el ingreso del hotel en Mar del Plata

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  • El Presidente encabezó una nueva parada de su «Tour de la Gratitud» en la calle Güemes, pero la marea de simpatizantes obligó a detener la caminata y el mandatario terminó hablando con megáfono desde la caja de un vehículo en medio de un fuerte operativo de seguridad.

El presidente Javier Milei alteró este lunes la noche marplatense al encabezar una nueva parada de su «Tour de la Gratitud». En una recorrida que pretendía ser una caminata por la tradicional zona comercial de la calle Güemes, la marea de gente obligó a detener el desplazamiento y el mandatario terminó improvisando un discurso con un megáfono desde la caja de una camioneta, en medio de un fuerte operativo de seguridad que se vio claramente superado por la concurrencia.

El Jefe de Estado llegó a la intersección con la calle Avellaneda pasadas las 21.30, acompañado por su hermana y Secretaria General, Karina Milei, y el ministro del Interior, Diego Santilli. Lo que comenzó como un saludo protocolar derivó rápidamente en un desborde de simpatizantes. La custodia presidencial no pudo contener el avance de la multitud y el vehículo que transportaba a Milei quedó atrapado entre la concurrencia.

Ante la imposibilidad de continuar la marcha, el Presidente se paró en la caja del vehículo y tomó un megáfono para dirigirse a los presentes. «Quiero darles las gracias por habernos acompañado», alcanzó a decir, mientras de fondo se escuchaban cánticos de «Milei, querido, el pueblo está contigo». Como es habitual en estas intervenciones, el mandatario dio un corto discurso sin mayores definiciones, aunque aseguró que «todas las promesas que hice en campaña van a estar cumplidas antes de mitad de año».

Entre la «»multitud» también hubo espacio para la disidencia: un grupo de jubilados se congregó en las cercanías para expresar reclamos sobre la situación previsional. La visita a «La Feliz» marca el regreso a la agenda doméstica tras su paso por el Foro Económico de Davos y funciona como antesala política de las sesiones extraordinarias en el Congreso, pautadas para el 2 de febrero.

La agenda presidencial continuará este martes: Milei será la figura central de «La Derecha Fest», un evento promocionado como «la celebración más antizurda del mundo», que se realizará en el balneario Horizonte. Allí compartirá escenario con referentes ideológicos como Agustín Laje y Nicolás Márquez, además del intendente local Guillermo Montenegro, en una jornada que promete reunir a militantes y simpatizantes del oficialismo en plena temporada de verano.

Dos realidades, una ciudad

La visita de Javier Milei a Mar del Plata dejó en evidencia, una vez más, la profunda fractura que atraviesa la política argentina y la manera en que las redes sociales construyen realidades paralelas. Mientras las cuentas oficiales y los espacios afines al oficialismo difunden videos con planos cerrados que muestran un fervor popular incondicional, otras tomas —tomadas desde balcones y edificios cercanos al hotel Hermitage— revelan una postal bien diferente: un puñado de militantes libertarios concentrados en la puerta del alojamiento presidencial, mientras a lo lejos resuenan gritos de «hijo de puta», «andate» y bocinazos de conductores disconformes. No se trata de fake news ni de interpretaciones sesgadas: son dos recortes de una misma escena, manipulados según el relato que se quiera construir.

Esta batalla por el relato no es inocente ni casual. El gobierno de Milei ha perfeccionado el uso de las redes sociales como herramienta de propaganda, recurriendo a técnicas narrativas que amplifican artificialmente el apoyo popular mediante encuadres convenientes, hashtags coordinados y una militancia digital hiperorganizada. La estrategia es clara: mostrar multitudes donde hay grupos, transformar caminatas en avalanchas humanas y presentar como consenso lo que en realidad es adhesión sectorial. Es el viejo manual del marketing político aplicado con herramientas del siglo XXI, donde la verdad importa menos que la viralización y donde el like reemplaza al debate de ideas.

Pero la realidad, esa entidad porfiada que insiste en colarse por las rendijas del relato oficial, termina asomando en los videos de vecinos anónimos, en los gritos de jubilados que reclaman por sus haberes, en los bocinazos de quienes rechazan el ajuste. Mar del Plata, como tantas otras ciudades argentinas, está dividida: hay quienes festejan al Presidente y hay quienes lo repudian. Ninguno de los dos bandos representa «la verdad absoluta» ni «el sentimiento de todo el pueblo». Pero reconocer esa diversidad, esa tensión democrática entre adhesiones y rechazos, requiere honestidad intelectual. Algo que escasea en tiempos de fanatismos digitales y realidades a medida.

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