- Tras más de 50 años de actividad ininterrumpida, la planta de retenes SCAR cerró sus puertas en barrio Pueyrredón. El hecho se suma a una oleada de cierres industriales que se extiende por todo el país bajo el ajuste del gobierno libertario. Esto golpea al sector metalmecánico y a las economías barriales que giraban en torno a la producción. Así, la noticia sobre Scar en Pueyrredón refleja una tendencia preocupante.
La fábrica de retenes SCAR bajó definitivamente sus persianas en barrio Pueyrredón, dejando atrás más de medio siglo de producción ininterrumpida. Lo que supo ser un punto de referencia del sector metalmecánico cordobés es hoy un edificio vacío con portones cerrados. Ya no se ve el movimiento de operarios, camiones ni proveedores que durante décadas marcaron el pulso cotidiano de la zona. El cierre fue confirmado por InfoGremiales y representa la pérdida de una unidad productiva con historia y arraigo territorial en la ciudad.
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El impacto se siente con fuerza en el barrio. Comerciantes, familias de ex trabajadores y vecinos perciben el vacío que dejó una planta que, en su etapa de mayor actividad, abastecía a distintos sectores productivos más allá de las fronteras provinciales. La red comercial de SCAR llegaba a distintos puntos del país. Por eso, su desaparición no solo implica la pérdida de fuentes de trabajo directas, sino también el fin de una cadena de valor que sostenía negocios y servicios vinculados a la actividad fabril local. Este efecto, que se observa tras el cierre de Scar en Pueyrredón, afecta a todo el entorno.

El cierre de SCAR no es un hecho aislado. Se inscribe en un proceso de desindustrialización que avanza a lo largo y ancho del país desde que Javier Milei asumió la presidencia en diciembre de 2023. La caída del consumo interno, el incremento de los costos operativos, la apertura importadora y la retracción del crédito productivo configuraron un escenario especialmente hostil para las pymes industriales. Estas empresas enfrentan dificultades crecientes para sostener sus niveles de producción y competir en un mercado cada vez más exigente. De hecho, el proceso incluye cierres emblemáticos como el de Scar en Pueyrredón.
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Los números del sector confirman la gravedad del cuadro. La industria manufacturera argentina acumula meses de retracción, con caídas sostenidas en rubros como el metalmecánico, el textil y el alimentario. Cámaras empresariales y sindicatos vienen advirtiendo desde hace meses que muchas plantas operan al límite de su rentabilidad. Sin políticas activas de sostenimiento industrial, el goteo de cierres continuará afectando a ciudades y comunidades que construyeron su identidad en torno al trabajo fabril. Por ejemplo, el caso de Scar en Pueyrredón muestra cómo la crisis impacta localmente.

El caso de SCAR en Córdoba es, en ese sentido, un símbolo. Cincuenta años de historia productiva no alcanzaron para resistir el impacto de un modelo económico que priorizó el ajuste fiscal por sobre la protección del tejido industrial. Mientras el Gobierno nacional celebra la baja de la inflación y el equilibrio de las cuentas públicas, en los barrios obreros de todo el país los portones siguen cerrándose. Con ellos, se pierden décadas de trabajo, identidad y comunidad. No cabe duda de que Scar en Pueyrredón representa la problemática industrial actual.






