- El Kremlin aseguró que sus vínculos con Caracas permanecerán activos tras la detención de Nicolás Maduro por Estados Unidos, aunque Moscú adopta una postura más cautelosa para evitar un enfrentamiento directo con Washington en medio del reordenamiento político venezolano.
A pesar de los dramáticos cambios políticos en Venezuela tras la caída y captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, el Kremlin confirmó este lunes que sus vínculos con Caracas seguirán firmes. El portavoz presidencial ruso, Dmitri Peskov, afirmó que Moscú mantiene canales de comunicación directos con el nuevo Ejecutivo venezolano, encabezado por la presidenta encargada Delcy Rodríguez, subrayando la importancia estratégica de esta alianza para Rusia en un contexto internacional cada vez más polarizado.
El actual escenario geopolítico ha puesto a prueba la histórica alianza entre ambos países. La operación militar estadounidense en Venezuela a principios de 2026, que culminó con la detención de Maduro, obligó a Moscú a equilibrar una retórica crítica hacia Washington con una postura pragmática destinada a evitar una escalada directa. Hasta el momento, el presidente Vladímir Putin no ha emitido declaraciones públicas personales sobre el caso, dejando que sea el Ministerio de Exteriores quien condene la acción estadounidense como una «agresión«.
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Esta reacción más contenida responde a una lógica estratégica rusa más amplia: Moscú prioriza sus intereses geopolíticos en Europa y Asia, especialmente en la guerra de Ucrania, y busca evitar abrir un nuevo frente de confrontación lejos de su zona tradicional de influencia. No obstante, la relación con Venezuela mantiene una fuerte base energética y económica que el Kremlin no está dispuesto a abandonar.
Antes de la captura de Maduro, Rusia y Venezuela habían firmado acuerdos de cooperación energética a largo plazo y mantenían ‘joint ventures’ petroleros con la estatal PDVSA. Esta cooperación forma parte de una estrategia rusa para ampliar su influencia en mercados energéticos globales y consolidar alianzas con productores de crudo. Históricamente, los vínculos también incluyen asistencia militar, préstamos y cooperación técnica en diversos sectores.

En este nuevo contexto, la relación ruso-venezolana enfrenta un escenario más complejo: Moscú conserva el interés de mantener su presencia diplomática y energética en Caracas, pero sin arriesgar un choque frontal con Estados Unidos. Mientras tanto, Venezuela reconfigura su política de alianzas bajo un nuevo equilibrio regional donde deberá navegar entre sus compromisos históricos con Rusia y las nuevas directrices impuestas desde Washington.







