- Lo que hoy se conoce como «therians» tiene raíces de más de 40.000 años en culturas de todo el mundo. Desde guerreros vikingos hasta nagualismo azteca, la humanidad siempre tuvo individuos que se identificaban con animales. El fenómeno desapareció con la modernidad occidental, pero expertos explican por qué vuelve con fuerza entre adolescentes del siglo XXI.
Cuando una adolescente de 15 años sube a TikTok un video usando una máscara de zorro y moviéndose en cuatro patas, muchos adultos lo ven como una «moda rara de internet». Pero antropólogos, historiadores de las religiones y psicólogos señalan algo sorprendente: lo que hoy llamamos «therians» —jóvenes que se identifican espiritualmente con animales— es en realidad el eco de una práctica humana que atravesó milenios y culturas.
40.000 años de humanos-animal
Las primeras evidencias de humanos identificándose con animales se remontan al Paleolítico Superior. En las cuevas de Lascaux (Francia) y Altamira (España), el arte rupestre muestra figuras híbridas: cuerpos humanos con cabezas de animales, chamanes en trance adoptando formas de bisontes, ciervos o aves.
«La identificación con animales es probablemente tan antigua como la conciencia humana misma», explica el antropólogo francés Jean Clottes, especialista en arte prehistórico. «Los cazadores-recolectores no se veían separados de la naturaleza. El chamán que ‘se convertía’ en jaguar o águila era el puente entre el mundo humano y el animal».

Este fenómeno se documentó en prácticamente todas las culturas del planeta:
En Europa medieval, la licantropía (transformación en lobo) no era solo leyenda: existen registros de juicios contra personas acusadas de «convertirse en lobos». Los berserkers vikingos entraban en trance de batalla identificándose con osos, mientras los úlfhéðnar hacían lo mismo con lobos, usando pieles del animal y adoptando su ferocidad.


En Mesoamérica, el nagualismo fue central en las cosmovisiones azteca, maya y zapoteca. Cada persona nacía con un «nahual» o animal espiritual gemelo. Algunos individuos, los naguales, podían transformarse o canalizar a su animal. Esta práctica persiste hoy en comunidades indígenas de México y Guatemala.
En Asia, el chamanismo siberiano, mongol y tibetano incluía la transformación ritual en animales de poder. En India, las tradiciones tántricas incluyen prácticas donde el devoto encarna aspectos de deidades animales.
En África y Oceanía, clanes enteros se identificaban con animales totémicos: el león, el cocodrilo, el canguro. No era metáfora: se consideraban literalmente descendientes de ese animal.

La gran desaparición: cómo Occidente mató al animal interior
Entonces, ¿qué pasó? ¿Por qué estas prácticas, universales durante decenas de miles de años, prácticamente desaparecieron en Occidente?
Los historiadores identifican tres procesos clave:
1. La cristianización (siglos IV-XV): La Iglesia Católica combatió activamente las prácticas «paganas» de identificación con animales. La licantropía pasó de ser una capacidad ritual a considerarse posesión demoníaca. Los cazadores de brujas persiguieron especialmente a quienes afirmaban transformarse en animales.
2. El racionalismo y la Ilustración (siglos XVII-XVIII): El pensamiento cartesiano estableció una separación radical entre humanos (con alma racional) y animales (meras máquinas). La ciencia moderna consideró las creencias de transformación como «supersticiones primitivas» o «enfermedades mentales».


3. La urbanización y la industrialización (siglos XIX-XX): La humanidad occidental se desconectó físicamente de los animales. La vida en ciudades eliminó el contacto cotidiano con la naturaleza. Los animales pasaron de ser compañeros, presas o depredadores a ser mascotas o productos.
«La modernidad occidental construyó un muro entre lo humano y lo animal», señala la antropóloga brasileña Viveiros de Castro. «Pero ese muro nunca fue universal. En comunidades indígenas de todo el mundo, la frontera siempre fue porosa».
El retorno: por qué los jóvenes de 2026 vuelven a ser animales
Y entonces llegó internet. Y con internet, la Generación Z. Y con la Generación Z, los therians.
El fenómeno comenzó a documentarse en foros online a principios de los años 2000, pero explotó entre 2020 y 2026 en TikTok, donde videos con el hashtag #therian superan los 3.000 millones de visualizaciones.
¿Por qué resurge ahora algo que desapareció hace siglos?
Los expertos identifican múltiples factores:
Crisis de identidad generacional: «La Generación Z enfrenta niveles sin precedentes de ansiedad, depresión y crisis identitaria», explica la psicóloga estadounidense Lisa Damour. «En un mundo hiperconectado pero emocionalmente desconectado, la identificación con un animal ofrece una identidad clara, instintiva, auténtica».
Desconexión de la naturaleza: Paradójicamente, la generación más urbanizada de la historia siente una profunda nostalgia por lo natural. «Es la generación del cambio climático», señala el sociólogo argentino Sergio Balardini. «Ven la destrucción de la naturaleza y, simultáneamente, idealizan lo animal como algo puro, libre, no corrompido por la civilización».

Fluidez identitaria: La Generación Z creció cuestionando categorías fijas de género, sexualidad, nacionalidad. «Si las identidades humanas son fluidas, ¿por qué no la frontera entre humano y animal?», plantea la filósofa Donna Haraway, autora del «Manifiesto Cyborg».
Tecnología y tribalismo digital: Las redes sociales permiten que individuos dispersos geográficamente formen comunidades. «Antes, un adolescente que se sentía lobo estaba solo. Hoy encuentra a miles como él en TikTok», explica el investigador de culturas digitales Ryan Milner.
Búsqueda espiritual post-religiosa: Con el declive de las religiones tradicionales, muchos jóvenes buscan experiencias espirituales fuera de las instituciones. «El therianismo ofrece una espiritualidad sin dogma, sin iglesia, personal», dice el antropólogo de la religión Juan Cruz Esquivel.
¿Qué dicen los propios therians?
Luna, una estudiante cordobesa de 17 años que se identifica como «lobo gris», lo explica así: «No es un juego, no es cosplay. Es algo que siento desde chica. Cuando estoy en la naturaleza, cuando corro, siento que mi verdadero yo es ese lobo. La sociedad nos obligó a olvidar que somos animales también».
Mateo, de 16 años, therian de gato montés, agrega: «Leo sobre chamanismo, sobre naguales aztecas, y pienso: ‘Esto no es nuevo, esto es ancestral’. Solo que antes tenías que ser chamán de una tribu. Ahora podés ser vos mismo en internet».


Entre el escepticismo y la comprensión
La comunidad científica está dividida. Algunos psicólogos lo ven como una fase normal de exploración identitaria adolescente, otros como posible síntoma de disociación o trauma, y otros como una expresión legítima de diversidad neurocognitiva.
Lo que sí coinciden los antropólogos es en que el fenómeno no debería sorprender tanto. «La humanidad pasó el 99% de su existencia sintiéndose parte del reino animal«, resume Clottes. «Los últimos 300 años de separación radical son la anomalía histórica, no los therians».
Para los vecinos que miran extrañados a adolescentes con máscaras de zorro caminando en cuatro patas por TikTok, quizás valga la pena recordar: sus ancestros chamanes, guerreros berserkers o naguales habrían entendido perfectamente lo que sienten estos chicos. Solo que ellos no tenían redes sociales para encontrarse.
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