"Mi identidad estaba rota": El conmovedor testimonio de la primera nieta recuperada por Abuelas en Córdoba

En el marco del Mes de la Memoria y por el Día de la Memoria, Verdad y Justicia, Radio 10 Córdoba presenta el estremecedor relato de Astrid Patiño Carabelli, quien fue arrebatada de los brazos de su madre durante la última dictadura militar cuando tenía apenas dos años.

Radio 10 Córdoba04/04/2025RedacciónRedacción

El 3 de abril de 1976, apenas iniciada la dictadura militar argentina, Astrid Patiño Carabelli fue secuestrada junto a su madre, Gabriela Carabelli, una doctora en física que trabajaba como jefa de cátedra en lo que hoy es la FaMAF. Este hecho marcó el quiebre en la vida de una niña que tardó décadas en reconstruir su identidad. "En realidad, el quiebre de mi historia empieza antes, cuando me secuestran con mi mamá. En el año 76, 3 de abril del 76, según la documentación que pude acceder por la justicia. Y ahí es como que se rompe todo. Se nos rompe. No solamente se me rompió a mí, se rompió a toda la familia", relata Astrid en esta producción especial de Radio 10 Córdoba.

Astrid fue la primera nieta recuperada por Abuelas de Plaza de Mayo en Córdoba en 1984, cuando una mujer se acercó a su tía durante una ronda en Plaza San Martín para decirle: "Yo sé donde está esa nena". La familia con la que Astrid vivía creía erróneamente que ella era pariente de ellos. "Ellos tenían un familiar desaparecido y querían creer que yo podía ser hija de este desaparecido", explica. A sus 11 años, Astrid se enteró de forma abrupta y traumática sobre su verdadera identidad cuando le dijeron: "Sos adoptada" y ante su pregunta sobre sus padres biológicos, recibió una respuesta demoledora: "Están muertos".

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Lo que siguió fue un largo período de silencio impuesto. Un juez determinó que, debido al impacto emocional, Astrid no debía tener contacto con su familia biológica y debía permanecer con la familia adoptiva. "Como si además hubiera podido olvidarlo, me obligaron a ser borrón y cuenta nueva", recuerda con dolor. Este silencio se extendió durante toda su adolescencia: "Cuando yo quería preguntar en el seno de mi familia adoptiva era, no, no se habla, no preguntes, no le digas a nadie".

No fue hasta que comenzó la universidad cuando Astrid encontró un espacio donde intentar reconstruir su historia. En una charla con Ernesto Sábato, autor del informe "Nunca Más", se animó a preguntar: "Soy hija de desaparecidos, yo sé que mi mamá se llamaba Gabriela, pero no sé el apellido, yo sé que mi papá se llamaba Patiño, pero no sé su nombre, es todo lo que sé". Este fue el primer paso para acercarse a Abuelas de Plaza de Mayo y comenzar su búsqueda.

Uno de los momentos más dolorosos en su vida fue convertirse en madre sin tener referencias familiares. "Lo más cruel fue cuando me convertí en mamá... Cuando nacen nuestros hijos, que vos decís, ¿a quién se parece? ¿Se parece al papá? ¿Se parece a la mamá?... Y yo no tenía nada de eso, ninguna referencia", confiesa Astrid. Este vacío identitario quedó dramáticamente expuesto cuando, tras dar a luz a su hija, no pudo reconocerla al verla: "Fue como no pude reconocer a mi propia hija. O sea, la acababa de parir y no la pude reconocer... Mi identidad estaba rota porque me faltaba el anclaje superior".

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A lo largo de los años, y especialmente a partir de 2003 con políticas más favorables a los derechos humanos, Astrid pudo ir reconstruyendo su historia. Descubrió que su madre, Gabriela Carabelli, era una científica italiana que había llegado a Argentina a los 7 años y que militaba en el PRT. Su padre, Omar Patiño, era escultor, egresado de la escuela Figueroa Alcorta y trabajaba en la municipalidad. Se habían separado debido a diferencias en su nivel de compromiso político, aunque ambos compartían ideales de libertad y derechos laborales.

Un hallazgo especialmente significativo fue descubrir que su padre, tras el secuestro de Astrid y su madre, dedicó los últimos dos años de su vida a buscarla incansablemente. "Su único objetivo, no le tembló la pera por perder su trabajo, por abandonar a sus padres y a su hermana, por arriesgarse a todo... No le importaba perder su vida por encontrarme, y no me encontró", relata con emoción. Los registros municipales revelaron que Omar comenzó a ausentarse sistemáticamente del trabajo desde el 5 de abril de 1976, dos días después del secuestro de su hija, hasta que él mismo fue secuestrado en Buenos Aires.

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La "mega causa" judicial sobre crímenes de lesa humanidad marcó otro punto de inflexión para Astrid, permitiendo que testigos que aún sentían miedo pudieran hablar. "Poder hablar con todos los testigos en la mega causa fue riquísimo, porque entonces no solamente conocer estas partes crueles y duras de cómo fue todo, y entender también... ¿Mi mamá me quiso dejar? No, no me quiso dejar. La arrebataron de su lugar y me arrebataron a mí de sus brazos", explica Astrid, quien recién pudo ver la primera foto de su madre después de los 30 años de edad, y las de su padre mucho después.

Hoy, Astrid comprende su historia como parte de un proceso colectivo de memoria y justicia. "Estoy convencida que si hablamos de lo que pasó y si hablamos y nos convocamos y nos comprometemos al nunca más, lo vamos a lograr", afirma. Su testimonio, compartido en esta producción especial de Radio 10 Córdoba para el Mes de la Memoria, no solo narra una historia personal de identidad arrebatada y parcialmente recuperada, sino que también representa la lucha más amplia por la memoria, la verdad y la justicia en Argentina.

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